Tradicionalmente joven y distendida, este pequeño paraíso - conjunción de médanos, bosques y mar- nació del sueño de Don Carlos Gesell, quien desafió al viento y a la arena para construir la villa más bohemia de la costa atlántica.
Esta ciudad turística -enmarcada entre médanos y bosques- se encuentra a 378 km de Buenos Aires y es una de las zonas que más atractivos agrestes alberga.
Este enclave posee un collar de 50 km de arena con 72 balnearios de amplias playas de fina arena, con suave declive y un mar de agradable temperatura.
Gesell nació de la iniciativa de Don Carlos Gesell, quien vio en los medanales de la región el lugar para abastecerse de madera para sus negocios.
De modo que adquirió una vasta extensión de tierras y en diciembre de 1931 se instaló y se dedicó de lleno a forestar la zona con pinos, casuarinas y cipreses. Ardua tarea fue la que llevó a cabo Don Carlos, ya que sus primeros experimentos fracasaron y a medida que pasaba el tiempo más lejos quedaba su idea de obtener madera para la industria. Si bien se desvaneció su proyecto comercial, Don Carlos vio en esta zona el lugar ideal para armar una villa turística. Y lo bien qué hizo.
Como buen entrepreneur que era, una vez que logró fijar las dunas, cosa que recién se produjo en 1940, comenzó a promocionar la villa como destino turístico.
Alguno que otro audaz como él podría ver en estas tierras una alternativa como lugar de veraneo. Un visionario!
En 1942 arribó en carro el primer turista. Y así, Gesell creció sin pausa: acto seguido se abrió el camino que unió Villa Gesell con la Ruta 11 y en 1944 se construyó el primer hotel.
Entonces la villa entró en un ritmo vertiginoso, y se diseñó la ciudad, y se abrieron calles, y se lotearon terrenos, y se siguió forestando. Pero, sin duda, lo que la dinamizó como una verdadera ciudad fue el Plan Galopante, que facilitó terrenos para viviendas. Y así Gesell creció en forma explosiva: en los '70 fue población con mayor índice de desarrollo del país.
Para esa época esta comarca sumó un rasgo diferenciador del las demás ciudades balnearias: las guitarreadas y los fogones en los que se congregaban jóvenes que vieron en este lugar una alternativa a los centros turísticos tradicionales.
Han pasado muchos años, pero estas arenas a las que Don Carlos les ganara la batalla cuando se propuso forestarlas siguen conservando su encanto. Villa Gesell mantiene su espíritu joven, su aire de despreocupación y en cada rincón puede respirarse la bohemia de sus orígenes.
Hoy ofrece opciones para todas las edades, estilos y presupuestos: complejos hoteleros de primer nivel, hoteles, cabañas, hosterías, hospedajes, aparts, hasta los más pintorescos campings. Además, su gastronomía brilla y satisface la demanda de los visitantes con platos que son un clásico, en particular los mariscos y las paellas. |