Inserta en el Parque Nacional Nahuel Huapi, en las costas sureñas del lago homónimo, se alza la ciudad de San Carlos de Bariloche, puerta de entrada a una de las más bellas comarcas del mundo: zona de lagos, ríos, cumbres nevadas, glaciares y exuberante flora de inusitada belleza.
Magníficamente dotada por la naturaleza y por el trabajo constante de su gente, Bariloche representa la ciudad ícono del turismo en los andes patagónicos.
La villa es un poblado al que da hermosa fisonomía su característica arquitectura: construcciones de piedra y madera, con techado de pizarra, al estilo de las tradicionales aldeas alpinas, juntamente con numerosos edificios de moderna estructura.
Cuenta con una amplia diversidad de servicios de excelencia, extendida a las cuatro estaciones, sostenida en una importante infraestructura de hoteles de todas las categorías y una diversificada gastronomía adecuada a toda alternativa.
El comercio reúne diversas actividades: la fabricación de chocolates, mermeladas y dulces caseros, carnes ahumadas, cerámicas, tejidos de lana y ropa regional.
Cada una de sus estaciones representa un encanto particular. En primavera y en verano, con la maravilla de su vegetación, cuando los paisajes resplandecen de luz y color, el período diario del sol es largo y la temperatura, ideal para excursiones. El invierno, en cambio, ofrece el espectáculo de cautivante sensualidad de la nieve que cubre sus calles y adyacencias.
Bariloche es el principal centro de ski de Sudamérica. Temporada tras temporada, esquiadores y snowborders encuentran lugar en las pistas del cerro Catedral y pueblan los hoteles. Durante el verano, esos mismos montes desprovistos de nieve, dejan al descubierto bosques de ensueño entre los que se aventuran trekkers, escaladores y campamenteros.
Bosques, lagos, ríos y montañas encuentran en Bariloche un escenario de privilegio para el deporte y la recreación en estrecho vínculo con la naturaleza.
Un lugar para disfrutar de la nieve, del sol y las flores.
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